¿Qué son las prácticas de no-consentimiento consensuado (CNC)?

El CNC (traducción para “No-consentimiento consensuado”) es una práctica en la que hay una entrega total de autoridad y poder de la persona sumisa a la dominante. La clave del CNC es que el consentimiento no se da a la acción concreta, sino a la experiencia de vivirla como no consentida/buscada dentro de una escena previamente pactada. Se puede jugar con el no saber cuándo va a suceder, se puede jugar con introducir terceras personas, se puede jugar a consensuar ser asaltado en casa o en la calle…

Para poder comprender y acercarnos a esta práctica sin patologizarla, y sin mirarla desde el morbo, es importante profundizar en la idea de consentimiento.

Cuando se da un consentimiento adecuado y previamente acordado, se asume que todas las personas implicadas entienden qué se pretende hacer y qué se espera que pase, así como qué cosas pueden llegar a ocurrir de manera no intencional. Es decir, el consentimiento se da cuando todas las partes conocen los riesgos asociados a la actividad y los aceptan. Además, el consentimiento se mantiene incluso si suceden cosas inesperadas que no se contemplaban al inicio, siempre que se respete el marco acordado.

Este tipo de prácticas incluye una negociación y acuerdo previo a la escena, sobre límites y seguridad. Las palabras o señales de seguridad se pactan antes de la sesión y se utilizan para comunicar de forma rápida tanto los límites como la capacidad real que tiene cada persona para seguir involucrándose en la actividad que se está llevando a cabo. Estas palabras también sirven para parar cualquier práctica que roce o sobrepase los límites pactados o la capacidad emocional o física de ese momento.

Cuestionamientos feministas del CNC y el BDSM

El auge actual de debates en torno al consentimiento, los lemas de “no es no” y “solo si es si”, plantean cuestiones que van más allá del consentimiento. Hablan del origen, del deseo desde el que nace ese consentimiento. Este cuestionamiento lleva a preguntas cómo ¿por qué alguien querría recrear una escena de no consentimiento?

La realidad es que hay muy poca investigación feminista rigurosa sobre este tema y gran parte de la que existe contribuye a reforzar prejuicios y mitos que consideran que la búsqueda de dinámicas de intercambio de poder es algo insano, patriarcal, incluso patológico.

A menudo, esta pregunta se responde de forma rápida asumiendo que se trata de personas que han sufrido abusos sexuales. Y aunque algunas personas con historia de abuso pueden sentirse atraídas por este tipo de prácticas y fantasías, reducir el CNC a una consecuencia del trauma es reduccionista y, de nuevo, patologizante.

El CNC no consiste en reproducir un daño, sino en jugar con la vivencia de cesión de control dentro de un marco de seguridad. Para muchas personas, el interés no está en el acto en sí, sino en la experiencia subjetiva de no tener agencia, de ser sobrepasadas o de que su “no” no tenga efecto dentro de una escena que ha sido consensuada fuera de ella. Y es que, desde una perspectiva sexológica, sabemos que el deseo no siempre se dirige a aquello que nos resulta cómodo o “bonito”. En ocasiones, el deseo y la satisfacción aparecen en la transgresión, en la tensión entre lo que quiero y lo que no quiero querer.

Es importante entender que el CNC no responde a una única motivación. Algunas personas lo viven como una forma de explorar el poder, la entrega o la vulnerabilidad, y otras como una manera de intensificar sensaciones.

El disfrute no aparece a pesar de que la experiencia sea vivida como no deseada dentro de la escena, sino justamente por eso. El consentimiento se sitúa fuera de la escena, mientras que dentro se permite que aparezca la resistencia, el rechazo o la ambivalencia sin que eso rompa el acuerdo. Y sin que esto sobrepase los límites físicos y emocionales de la persona sumisa.

Dicho esto, es cierto que algunas personas que han vivido abusos sexuales sienten deseos por realizar estas prácticas. Y es que, cuando una persona sufre abuso sexual, sobre todo, si es infantil, se produce una herida (trauma) que instala una profunda sensación de inseguridad y creencias erróneas sobre unx mismx. Con frecuencia aparece la culpa, la autoatribución de responsabilidad e indefensión aprendida como: “si no me pude defender o proteger, no podré hacerlo nunca”.

Es por ello, que el CNC, acuerda un escenario que puede recrear una situación en la que hemos visto amenazada nuestra seguridad, pero en un contexto de seguridad. Todo se ha consensuado con anterioridad, y además existe una palabra de seguridad que permite salir de la escena si se necesita.

Algunas personas víctimas de abuso sexual describen estas prácticas como terapéuticas. Desde una perspectiva psicológica basada en trauma, esto podría explicarse porque las escenas CNC pueden ayudar a procesar la herida de inseguridad e indefensión aprendida, permitiendo que el cuerpo y la mente experimenten que ahora sí hay elección, control externo consensuado y posibilidad de detener la experiencia.

Pero ojo, esto no significa que el CNC sea una herramienta terapéutica en sí misma ni que sea adecuada para todas las personas que hayan vivido, o no, abuso sexual. Tampoco sustituye a un proceso terapéutico ni garantiza una integración saludable del trauma. Como cualquier práctica intensa, requiere autoconocimiento y comunicación clara.

Es por ello, que no se trata de negar los riesgos ni de idealizar estas prácticas, sino de reconocer que abren preguntas incómodas pero necesarias sobre el deseo, el poder y la ficción de libertad en la que se sostiene nuestra sociedad. Siguiendo las reflexiones de Meg-John Barker, el consentimiento no puede entenderse únicamente como una cuestión puntual ligada al sexo, sino como una condición relacional que atraviesa toda la vida social. Para que exista consentimiento real, debe existir también la posibilidad material de decir que no sin consecuencias desproporcionadas. Esto implica revisar no solo cómo nos vinculamos eróticamente, sino cómo se organizan nuestras relaciones, nuestros trabajos, nuestros cuerpos y nuestras formas de existir.

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